
¿Sabes por qué tienes tantas dificultades
para llegar a conocer a Dios?
Porque no te conoces a Ti mismo.
Y no te conoces,
porque al no saber alejarte de toda
sensualidad,
no logras entrar dentro de ti mismo,
ni tomas conciencia de tu yo más profundo…
…
¡No seas frívolo,
ni aturdas el oído del corazón
con el alboroto de tus vanidades!
¡Entérate bien y conviértete!
Sólo hallarás un descanso inalterable,
tu paz interior,
cuando tus amores sean estables.
En los amores humanos todo se desvanece:
unas cosas suceden a otras…
Por eso, Dios nos dice en su Palabra:
“¿acaso Yo también me desvanezco?”
No.
Fija en Él tu mirada,
confíale cuanto tienes,
aunque no sea más que para descansar de tus
fatigas,
y de tantos y tantos desengaños.
Confía en Dios.
No pierdes nada en ello.
Al contrario,
con Él se restañarán todas tus heridas,
con Él se reformará y se vitalizará tu débil
personalidad.
Con Él las cosas ya no te arrastrarán en su
caída,
sino que gozarás de estabilidad
y permanecerás junto a Él,
que es el único estable y permanente.
Conf. 4, 11, 16.
…
Vea también: San Agustín
