
Dar lo mejor de uno mismo no significa ser perfecto, tener éxito en todo o conseguir que los demás reconozcan nuestros esfuerzos. Significa poner en aquello que hacemos lo mejor de nuestras capacidades, de nuestro corazón y de nuestra voluntad, intentando cada día ser una versión más auténtica y generosa de nosotros mismos.
No siempre podemos elegir las circunstancias que nos toca vivir, pero sí podemos elegir cómo afrontarlas.
Dar lo mejor no significa hacerlo todo perfecto
Uno de los grandes obstáculos para dar lo mejor de nosotros mismos es pensar que debemos hacerlo todo bien.
La perfección puede convertirse en una carga. Nos hace tener miedo a equivocarnos, a ser criticados o a no estar a la altura de las expectativas de los demás.
Dar lo mejor de uno mismo es diferente.
Es poder decir:
«Hoy he hecho todo lo que estaba en mis manos.»
Y también aceptar que mañana podremos hacerlo un poco mejor.
La persona que aprende de sus errores está dando más de sí misma que aquella que pretende aparentar que nunca se equivoca.
Conócete y acepta tus capacidades
No podemos ofrecer aquello que no conocemos.
Para dar lo mejor de nosotros mismos necesitamos descubrir cuáles son nuestras capacidades, nuestros talentos, nuestras limitaciones y también nuestras heridas.
Conocernos nos permite dejar de competir continuamente con los demás.
Cada persona tiene un camino diferente, unas circunstancias diferentes y unos dones diferentes.
No necesitas ser como otra persona para tener valor.
Necesitas descubrir quién eres y qué puedes aportar.
No te compares constantemente
La comparación puede robarnos una enorme cantidad de energía.
Siempre habrá alguien que tenga más conocimientos, más dinero, más reconocimiento, más oportunidades o determinadas cualidades que nosotros.
Pero también habrá personas que admiren capacidades que nosotros mismos no valoramos.
Por eso, una comparación mucho más saludable es preguntarnos:
- ¿Soy hoy mejor persona que ayer?
- ¿Estoy aprendiendo de mis errores?
- ¿Estoy tratando mejor a quienes me rodean?
- ¿Estoy aprovechando mis capacidades?
- ¿Estoy haciendo aquello que realmente merece la pena?
- ¿Estoy creciendo como persona?
Tu verdadera competencia no es otra persona: es la persona que puedes llegar a ser.
Pon corazón en lo que haces
Hay personas que realizan muchas cosas, pero pocas con verdadera entrega.
Dar lo mejor de uno mismo requiere poner algo más que tiempo.
Requiere atención, responsabilidad, cariño y compromiso.
Una tarea sencilla puede convertirse en algo extraordinario cuando se realiza con amor.
Una conversación puede cambiar el día de alguien.
Un pequeño gesto puede devolver esperanza.
Una palabra amable puede llegar mucho más lejos de lo que imaginamos.
Por eso, no debemos despreciar las pequeñas cosas.
Muchas veces, lo mejor de nosotros aparece precisamente en los pequeños gestos de cada día.
Aprende a perseverar
Habrá días en los que tendrás motivación y días en los que no.
Habrá momentos en los que todo parecerá avanzar y otros en los que tendrás la sensación de estar retrocediendo.
No confundas un mal día con una mala vida.
No confundas un fracaso con una derrota definitiva.
La perseverancia consiste precisamente en continuar cuando desaparece la motivación.
A veces dar lo mejor de uno mismo significa avanzar rápidamente.
Otras veces significa simplemente no rendirse.
Cuida también de ti
Dar lo mejor de uno mismo no significa olvidarse de uno mismo.
No puedes estar permanentemente disponible para todo el mundo.
Necesitas descansar, poner límites, aprender a decir «no», cuidar tus relaciones y reservar tiempo para recuperar fuerzas.
Una persona agotada difícilmente puede ofrecer lo mejor de sí misma durante mucho tiempo.
Cuidarse no es egoísmo.
Es responsabilidad.
Cuando cuidamos nuestra vida interior, también podemos estar más disponibles para los demás.
No permitas que la opinión de los demás determine tu valor
Si dependes continuamente de la aprobación de los demás, terminarás viviendo una vida diseñada para satisfacer expectativas ajenas.
Habrá personas que te valoren.
Habrá otras que no te comprendan.
Algunas reconocerán tus esfuerzos.
Otras solamente verán tus errores.
No puedes controlar todo eso.
Lo que sí puedes controlar es la sinceridad con la que vives.
Haz las cosas bien aunque nadie te felicite.
Ayuda aunque nadie te dé las gracias.
Sé honesto aunque resulte más difícil.
El valor de una buena acción no depende de que alguien la aplauda.
Convierte las dificultades en aprendizaje
Las dificultades también pueden enseñarnos.
Una decepción puede ayudarnos a conocernos mejor.
Un fracaso puede mostrarnos qué necesitamos cambiar.
Una pérdida puede hacernos valorar aquello que antes dábamos por supuesto.
Una crítica puede ayudarnos a descubrir algo que necesitábamos mejorar.
No se trata de buscar el sufrimiento ni de justificar aquello que nos hace daño.
Se trata de preguntarnos:
«¿Qué puedo aprender de lo que estoy viviendo?»
La persona que aprende de sus experiencias transforma las dificultades en crecimiento.
Sé generoso con los demás
Dar lo mejor de uno mismo no consiste solamente en desarrollar nuestras capacidades.
También significa preguntarnos qué podemos hacer por los demás.
Vivimos en una sociedad en la que muchas veces se nos anima a preguntar:
«¿Qué puedo conseguir?»
Pero una pregunta diferente puede transformar nuestra vida:
«¿Qué puedo aportar?»
Puedes aportar tiempo.
Puedes escuchar.
Puedes acompañar.
Puedes enseñar.
Puedes perdonar.
Puedes ayudar.
Puedes animar.
Puedes estar cerca de quien está pasando por un momento difícil.
No siempre podremos solucionar los problemas de los demás, pero muchas veces podemos hacer que no tengan que afrontarlos solos.
Y desde la fe…
Para un cristiano, dar lo mejor de uno mismo no consiste solamente en alcanzar una versión más eficaz de sí mismo.
Consiste en poner nuestros dones al servicio de Dios y de los demás.
San Pablo lo expresa de una manera muy clara:
«Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido».
La pregunta cristiana no es solamente:
«¿Qué puedo llegar a ser?»
También es:
«¿Para qué puedo utilizar lo que soy y lo que tengo?»
Nuestros talentos, conocimientos, capacidades y experiencias adquieren un sentido más profundo cuando se convierten en servicio.
Jesús no nos pide que seamos extraordinarios ante los ojos del mundo.
Nos invita a vivir con amor, humildad, entrega y fidelidad.
Una pregunta para cada noche
Antes de dormir, podemos hacernos cinco preguntas sencillas:
- ¿Hoy he dado lo mejor de mí?
- ¿He tratado bien a las personas que me rodean?
- ¿He utilizado alguna de mis capacidades para ayudar a alguien?
- ¿Qué podría haber hecho mejor?
- ¿Qué quiero intentar mejorar mañana?
No necesitamos responderlas perfectamente.
Lo importante es aprender a vivir con una mirada sincera sobre nosotros mismos.
Para terminar
Dar lo mejor de uno mismo no significa vivir agotado intentando demostrar nuestro valor.
Significa vivir con sentido.
Es levantarse cada día dispuesto a aprender.
Es reconocer nuestros errores sin despreciarnos.
Es desarrollar nuestros talentos.
Es cuidar de nosotros mismos.
Es tratar bien a los demás.
Es perseverar cuando las cosas se complican.
Es hacer el bien aunque nadie nos esté mirando.
Y, para quien tiene fe, es descubrir que nuestra vida no es solamente algo que recibimos, sino también un regalo que podemos ofrecer.
Quizá no podamos cambiar el mundo entero.
Pero sí podemos cambiar nuestro pequeño espacio.
Podemos hacer mejor nuestro trabajo.
Podemos querer mejor a nuestra familia.
Podemos escuchar más.
Podemos perdonar.
Podemos ayudar.
Podemos servir.
Podemos ser más pacientes.
Podemos volver a empezar.
Porque, al final, dar lo mejor de uno mismo no consiste en ser mejor que los demás.
Consiste en no dejar de crecer, amar y aportar aquello bueno que llevamos dentro.
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