Oración “El gusto de vivir” de santo Tomás Moro

Felices los que saben reírse de sí mismos,
                porque nunca terminarán de divertirse.

                Felices los que saben distinguir una montaña de una piedrita,
                porque evitarán muchos inconvenientes.

                Felices los que saben descansar y dormir sin buscar excusas  porque
                llegarán a ser sabios.

                Felices los que saben escuchar y callar,
                porque aprenderán cosas nuevas.

                Felices los que son suficientemente inteligentes,
                como para no tomarse en serio,
                porque serán apreciados por quienes los rodean.

                Felices los que están atentos a las necesidades de los demás,
                sin sentirse indispensables,
                porque serán distribuidores de alegría.

                Felices los que saben mirar con seriedad las pequeñas cosas
                y tranquilidad las cosas grandes,
                porque irán lejos en la vida.

                Felices los que saben apreciar una sonrisa
                y olvidar un desprecio,
                porque su camino será pleno de sol.

                Felices los que piensan antes de actuar
                y rezan antes de pensar,
                porque no se turbarán por los imprevisible.

                Felices ustedes si saben callar y ojalá sonreír
                cuando se les quita la palabra,
                se los contradice o cuando les pisan los pies,
                porque el Evangelio comienza a penetrar en su corazón.

                Felices ustedes si son capaces de interpretar
                siempre con benevolencia las actitudes de los demás
                aún cuando las apariencias sean contrarias.
                Pasarán por ingenuos: es el precio de la caridad.

                Felices sobre todo, ustedes,
                si saben reconocer al Señor en todos los que encuentran
                entonces habrán hallado la paz y la verdadera sabiduría. 

Santo Tomás Moro nació en Londres en 1477. De vasta cultura clásica se graduó en leyes. Contrajo matrimonio dos veces. Su brillante carrera culminó en 1529 cuando fue nombrado Canciller por Enrique VIII. Pero su oposición al divorcio del rey le obligó a renunciar al mismo tres años más tarde. Su firme rechazo a reconocer la supremacia espiritual del rey sobre el papa le condujo finalmente a la prisión en la Torre de Londres. Finalmente el 6 de julio de 1535 fue decapitado. Su fiesta se celebra el 22 de junio. Su ejemplo de político insobornable mereció que el 31 de octubre de 2000 fuera proclamado por Juan Pablo II, patrón de los gobernantes y políticos.

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