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Escuela de Vida. Lo que más cuesta perdonar en la vida de las personas…

Hay cosas que cuestan muchísimo más perdonar que otras. No siempre depende de la gravedad objetiva de lo ocurrido, sino de cuánto nos haya herido, de quién proceda la herida y de lo que haya significado para nosotros.

Lo que más cuesta perdonar en la vida

  1. La traición
    Que alguien en quien confiábamos nos engañe, nos abandone o utilice nuestra confianza contra nosotros.
  2. La infidelidad
    Especialmente cuando destruye años de confianza, proyectos y recuerdos compartidos.
  3. La mentira mantenida durante mucho tiempo
    Descubrir que una persona nos ha ocultado deliberadamente la verdad puede hacer que dudemos incluso de nuestros propios recuerdos.
  4. La humillación
    Ser ridiculizado, despreciado o avergonzado delante de otras personas puede dejar una herida profunda en la dignidad.
  5. La injusticia
    Que nos acusen de algo que no hemos hecho, que nos traten injustamente o que alguien quede impune después de hacernos daño.
  6. El abandono
    Ser dejado solo precisamente cuando más necesitábamos a alguien.
  7. El rechazo de alguien que amamos
    Duele especialmente cuando sentimos que hemos dado mucho y, aun así, no hemos sido aceptados.
  8. La ingratitud
    Haber ayudado, acompañado o sacrificado mucho por alguien y recibir después indiferencia o desprecio.
  9. Las palabras que destruyen
    Algunas frases pueden quedarse durante décadas en nuestra memoria: “no sirves para nada”, “nunca te he querido”, “eres una decepción”…
  10. El daño causado a nuestros seres queridos
    Muchas personas pueden perdonar lo que les hacen a ellas, pero encuentran mucho más difícil perdonar a quien ha hecho daño a un hijo, a un padre, a una pareja o a alguien vulnerable.
  11. El abuso de confianza
    Contar algo íntimo esperando comprensión y descubrir después que esa persona lo ha utilizado para hacernos daño.
  12. La ausencia de arrepentimiento
    A veces lo que más dificulta el perdón no es solamente lo sucedido, sino que quien nos hirió no reconozca el daño, no pida perdón o incluso lo justifique.

Y quizá lo más difícil de todo

Perdonar cuando todavía duele.

Perdonar no significa decir que lo ocurrido estuvo bien, olvidar, justificar al que hizo daño ni permitir que vuelva a hacernos daño. Significa, poco a poco, dejar de permitir que aquella herida siga gobernando nuestra vida.

Desde una perspectiva cristiana, el perdón alcanza su máxima profundidad cuando somos capaces de decir: «Me has hecho daño, pero no quiero que tu daño determine quién voy a ser yo».

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