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Escuela de Vida. Luchar contra si mismo…

Las luchas contra uno mismo son, muchas veces, las más difíciles. No se libran contra un enemigo exterior, sino contra aquello que llevamos dentro: miedos, inseguridades, impulsos, heridas, orgullo, resentimientos o hábitos que sabemos que nos hacen daño.

Algunas de las luchas interiores más frecuentes son:

  • Querer cambiar, pero seguir haciendo lo mismo.
  • Saber lo que está bien y no tener fuerzas para hacerlo.
  • Luchar contra los propios miedos e inseguridades.
  • Perdonar a los demás cuando todavía existe resentimiento.
  • Aceptar nuestras limitaciones sin despreciarnos.
  • Vencer el orgullo y reconocer nuestros errores.
  • Dejar atrás el pasado y no vivir prisioneros de él.
  • Controlar la ira, la envidia o los impulsos.
  • Aprender a querernos sin caer en el egoísmo.
  • Mantener la esperanza cuando por dentro nos sentimos derrotados.
  • Ser fieles a nuestros valores cuando resulta más fácil ceder.
  • Encontrar paz cuando nuestra mente está llena de conflictos.

Una idea que puede resumirlo es:

Luchar contra uno mismo no significa rechazarse ni hacerse daño. Significa aprender a enfrentarse a aquello que dentro de nosotros nos perjudica: pensamientos negativos, malos hábitos, miedos, impulsos, resentimientos o actitudes que queremos cambiar.

¿Cómo luchar contra uno mismo?

  1. Reconoce aquello que quieres cambiar
    No puedes vencer lo que no estás dispuesto a reconocer. Pregúntate: ¿Qué parte de mí me está haciendo daño?
  2. No te engañes con excusas
    Evita justificar siempre tus errores culpando a los demás o a las circunstancias.
  3. Acepta tus debilidades sin resignarte a ellas
    Tener defectos no significa que estés condenado a permanecer igual.
  4. Aprende a dominar tus impulsos
    No todo lo que sentimos debe convertirse inmediatamente en una acción. Aprende a detenerte, pensar y elegir.
  5. Cambia pequeños hábitos
    Los grandes cambios suelen comenzar con pequeñas decisiones repetidas cada día.
  6. Enfréntate a tus miedos
    Evitar continuamente aquello que tememos suele hacerlo más grande. Afrontarlo poco a poco nos hace más fuertes.
  7. Aprende a perdonarte
    Reconocer un error es saludable; vivir castigándote continuamente por él no lo es. Lo importante es aprender y reparar cuando sea posible.
  8. Cuida tus pensamientos
    No todo pensamiento que aparece en nuestra mente es verdadero. Aprende a cuestionar pensamientos como «no valgo», «nunca cambiaré» o «todo me saldrá mal».
  9. Busca ayuda cuando no puedas solo
    Hablar con alguien de confianza, un profesional o una persona espiritualmente madura puede ayudarte a ver lo que tú solo no consigues ver.
  10. No luches contra ti: lucha por ti
    Esta es quizá la diferencia más importante. No se trata de destruir la persona que eres, sino de vencer aquello que te impide crecer.

La lucha interior también puede entenderse como un camino de conversión: reconocer nuestras debilidades, pedir perdón, levantarnos después de caer y permitir que Dios transforme progresivamente nuestra vida.

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