
Las luchas contra uno mismo son, muchas veces, las más difíciles. No se libran contra un enemigo exterior, sino contra aquello que llevamos dentro: miedos, inseguridades, impulsos, heridas, orgullo, resentimientos o hábitos que sabemos que nos hacen daño.
Algunas de las luchas interiores más frecuentes son:
- Querer cambiar, pero seguir haciendo lo mismo.
- Saber lo que está bien y no tener fuerzas para hacerlo.
- Luchar contra los propios miedos e inseguridades.
- Perdonar a los demás cuando todavía existe resentimiento.
- Aceptar nuestras limitaciones sin despreciarnos.
- Vencer el orgullo y reconocer nuestros errores.
- Dejar atrás el pasado y no vivir prisioneros de él.
- Controlar la ira, la envidia o los impulsos.
- Aprender a querernos sin caer en el egoísmo.
- Mantener la esperanza cuando por dentro nos sentimos derrotados.
- Ser fieles a nuestros valores cuando resulta más fácil ceder.
- Encontrar paz cuando nuestra mente está llena de conflictos.
Una idea que puede resumirlo es:
La batalla más importante de muchas personas no es contra el mundo, sino contra aquello que dentro de ellas mismas les impide ser quienes realmente quieren llegar a ser.
Cómo luchar contra si mismo
Luchar contra uno mismo no significa rechazarse ni hacerse daño. Significa aprender a enfrentarse a aquello que dentro de nosotros nos perjudica: pensamientos negativos, malos hábitos, miedos, impulsos, resentimientos o actitudes que queremos cambiar.
¿Cómo luchar contra uno mismo?
- Reconoce aquello que quieres cambiar
No puedes vencer lo que no estás dispuesto a reconocer. Pregúntate: ¿Qué parte de mí me está haciendo daño? - No te engañes con excusas
Evita justificar siempre tus errores culpando a los demás o a las circunstancias. - Acepta tus debilidades sin resignarte a ellas
Tener defectos no significa que estés condenado a permanecer igual. - Aprende a dominar tus impulsos
No todo lo que sentimos debe convertirse inmediatamente en una acción. Aprende a detenerte, pensar y elegir. - Cambia pequeños hábitos
Los grandes cambios suelen comenzar con pequeñas decisiones repetidas cada día. - Enfréntate a tus miedos
Evitar continuamente aquello que tememos suele hacerlo más grande. Afrontarlo poco a poco nos hace más fuertes. - Aprende a perdonarte
Reconocer un error es saludable; vivir castigándote continuamente por él no lo es. Lo importante es aprender y reparar cuando sea posible. - Cuida tus pensamientos
No todo pensamiento que aparece en nuestra mente es verdadero. Aprende a cuestionar pensamientos como «no valgo», «nunca cambiaré» o «todo me saldrá mal». - Busca ayuda cuando no puedas solo
Hablar con alguien de confianza, un profesional o una persona espiritualmente madura puede ayudarte a ver lo que tú solo no consigues ver. - No luches contra ti: lucha por ti
Esta es quizá la diferencia más importante. No se trata de destruir la persona que eres, sino de vencer aquello que te impide crecer.
Desde una perspectiva cristiana
La lucha interior también puede entenderse como un camino de conversión: reconocer nuestras debilidades, pedir perdón, levantarnos después de caer y permitir que Dios transforme progresivamente nuestra vida.
No tienes que vencer todas tus luchas en un día. A veces, vencerte a ti mismo consiste simplemente en elegir hoy el bien que ayer no fuiste capaz de elegir.
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