
«Nosotros amamos porque Él nos amó primero». (1 Juan 4,19)
1. Nadie está hecho para vivir sin amor
Señor, hoy quiero detenerme un momento y darte gracias.
Gracias por las personas que has puesto en mi camino. Por aquellas que me quieren, que se preocupan por mí, que me escuchan, que me acompañan y que, de una manera u otra, hacen que mi vida sea más bonita.
Gracias también por las personas a las que amo. Por aquellas que ocupan un lugar especial en mi corazón, por las que me hacen sonreír, por las que me necesitan y por aquellas por las que siento un cariño profundo, aunque a veces no sepa expresarlo.
La vida es un regalo, pero el amor de las personas es uno de los regalos más hermosos que recibimos de Dios.
No siempre somos conscientes de cuánto significan para nosotros quienes nos rodean. A veces nos acostumbramos a su presencia, damos por supuesto su cariño y olvidamos que cada día que podemos compartir con ellas es una oportunidad para agradecer.
2. Las personas que me aman son un regalo de Dios
Señor, gracias por quienes me quieren incluso cuando no estoy en mi mejor momento.
Gracias por quienes conocen mis defectos y, a pesar de ellos, siguen a mi lado.
Gracias por quienes me han tendido la mano cuando he tenido dificultades, por quienes han sabido escucharme sin juzgarme y por quienes han permanecido cerca cuando otros se alejaron.
Gracias por las personas que me dicen la verdad, aunque a veces me cueste aceptarla.
Gracias por quienes me perdonan, me comprenden y me ayudan a ser mejor persona.
Quizás no siempre se lo digo, quizás no siempre se lo demuestro, pero hoy quiero reconocer que su presencia es una bendición.
Señor, ayúdame a no acostumbrarme al amor que recibo. Que nunca considere una obligación lo que muchas veces es un acto generoso de cariño.
3. Las personas a las que amo también son un regalo
Señor, gracias por permitirme amar.
Gracias porque has puesto en mi corazón la capacidad de sentir cariño, de preocuparme por los demás, de alegrarme con sus alegrías y de sufrir cuando atraviesan momentos difíciles.
Gracias por mi familia, por mis amigos, por las personas que forman parte de mi historia y por aquellas que han dejado una huella imborrable en mi vida.
Gracias por quienes están cerca y también por quienes, aunque estén lejos, siguen ocupando un lugar en mi corazón.
Enséñame a querer sin querer poseer, a acompañar sin imponer, a ayudar sin esperar recompensas y a respetar la libertad de quienes amo.
Que mi cariño no sea solamente una palabra, sino una manera de estar presente.
Porque amar no consiste únicamente en decir «te quiero». Amar también es escuchar, comprender, perdonar, respetar, acompañar y saber estar cuando alguien nos necesita.
4. También hay personas que ya no están
Señor, hoy quiero acordarme de las personas que amé y que ya no están conmigo.
De quienes han fallecido, de quienes se marcharon, de quienes tomaron otros caminos y de aquellas personas con las que la vida fue separando nuestros destinos.
Gracias por todo lo que compartimos, por los momentos felices, por las enseñanzas y por el cariño que recibí.
Que los recuerdos no se conviertan solamente en tristeza, sino también en gratitud por haber tenido la oportunidad de conocerlas y quererlas.
Y si hay heridas en mi corazón, ayúdame a sanarlas. Si hay resentimientos, enséñame a perdonar. Si hay ausencias, dame fortaleza para seguir caminando.
5. ¿Sé cuidar a las personas que me quieren?
Esta meditación también me invita a hacerme algunas preguntas:
- ¿Dedico tiempo a las personas que me aman?
- ¿Les digo suficientemente cuánto significan para mí?
- ¿Sé escuchar sin estar pendiente únicamente de mis problemas?
- ¿Soy agradecido con quienes me ayudan?
- ¿Perdono las pequeñas equivocaciones de quienes quiero?
- ¿Me preocupo por las personas que pueden sentirse solas?
- ¿Estoy ofreciendo a los demás el mismo amor que deseo recibir?
A veces esperamos que los demás nos demuestren cariño, pero olvidamos que nosotros también tenemos la responsabilidad de demostrarlo.
No esperemos a perder a alguien para descubrir cuánto significaba en nuestra vida.
No dejemos para mañana un abrazo, una llamada, una palabra de agradecimiento o un «te quiero».
6. Una enseñanza de Jesús: Amar como Él nos ama
Jesús nos dejó un mandamiento que resume la esencia de la vida cristiana:
«Que os améis unos a otros como yo os he amado». (Juan 15,12)
Jesús no nos pide un amor interesado, que solamente aparece cuando recibimos algo a cambio.
Nos invita a un amor generoso, paciente, comprensivo y misericordioso.
Un amor que sabe acercarse al que sufre, que no abandona al necesitado, que perdona y que busca el bien del otro.
Por eso, dar gracias por las personas que nos aman también significa preguntarnos qué estamos haciendo nosotros para que esas personas se sientan queridas.
La fe no se demuestra solamente con oraciones y celebraciones religiosas. También se manifiesta en la manera de tratar a quienes tenemos cerca.
7. Oración final: Gracias, Señor, por tanto amor
Señor, hoy no quiero pedirte grandes cosas.
Hoy solamente quiero darte las gracias.
Gracias por las personas que me aman, por las que me cuidan, por las que se preocupan por mí y por las que permanecen a mi lado.
Gracias por las personas a las que amo, por aquellas que hacen que mi corazón se sienta acompañado y por quienes dan sentido a tantos momentos de mi vida.
Gracias por los abrazos recibidos, por las conversaciones, por las sonrisas, por los pequeños detalles y por las muestras de cariño que tantas veces pasan desapercibidas.
Perdóname cuando no he sabido valorar a quienes me quieren.
Perdóname cuando he sido egoísta, cuando no he escuchado, cuando he respondido mal o cuando he dejado de demostrar mi cariño.
Enséñame a cuidar mejor a las personas que has puesto en mi camino.
Dame un corazón agradecido para reconocer el amor que recibo y un corazón generoso para ofrecer amor a los demás.
Que nunca me falten motivos para dar las gracias, ni personas a las que abrazar, ni oportunidades para hacer el bien.
Y cuando llegue el momento de mirar hacia atrás en mi vida, que pueda reconocer que una de las mayores riquezas que me has regalado ha sido haber amado y haberme sentido amado.
Gracias, Señor, por las personas que me aman y por las personas a las que amo.
Amén.
8. Para llevar durante el día
Una pequeña tarea de amor
Hoy voy a hacer tres cosas:
- Dar las gracias a una persona que me quiere.
- Expresar mi cariño a alguien a quien quiero.
- Tener un pequeño gesto de amor con alguien que pueda necesitarlo.
«La mayor riqueza de la vida no es tener muchas cosas, sino tener personas a las que amar y por las que dar gracias a Dios».
Para reflexionar: Si Dios me ha regalado personas que me aman, ¿qué estoy haciendo yo para que ellas también puedan sentirse amadas?
Vea también: Meditaciones y Escuela de Vida
