
Al comienzo del cristianismo el mundo pagano culpó de todos los males de la naturaleza y de la sociedad a los cristianos. Que tenían malas cosechas o terremotos o sequía… la culpa la tenían los cristianos… Incluso llegaron a acusarnos de ser ateos ya que no compartíamos con ellos la fe en los millones de dioses que pululaban por doquier. Hoy en muchos aspectos sociales sucede otro tanto. Se nos culpa a los cristianos de muchas situaciones (intransigencia, cerrazón, culpabilización, etc.) de los cuales precisamente nosotros somos las víctimas no los verdugos. Sin lugar a dudas también los cristianos hemos cometido errores al igual que otros los han cometido con nosotros.
¿A qué cristiano se le ocurriría exigir perdón a los romanos de hoy por lo que hicieron con nuestros primeros hermanos asesinados en sus circos para deleite del personal? ¿Qué creyente pediría cuentas a los políticos, a los militares, a los obreros, a los intelectuales… por los errores y excesos cometidos contra los cristianos por sus colegas de los siglos anteriores…? Pero esto no sucede con la Iglesia ni con la fe cristiana.
La secularización que estamos viviendo no es una secularización cualquiera sino una secularización radical, hiriente. Mucha gente odia y guarda rencor a la civilización occidental por sus raíces cristianas y ve en ella una amenaza para la verdadera felicidad de las personas. La destrucción , o por lo menos el intento de destrucción, de los valores religiosos y morales cristianos del corazón de las personas y de nuestras sociedades modernas no es casual, sigue una pauta establecida de odio, ignorancia y fanatismo todo ello revestido de una tolerancia que es simplemente un disfraz…
A los cristianos de este tiempo nos toca demostrar con nuestra vida y nuestro talante que no estamos para pedir cuentas al pasado de otros sino seguir nuestro camino en el seguimiento de Cristo y su magnífico proyecto de amor hacia todas las personas. Al cristianismo se le llama la religión del amor porque el amor es su base y su destino y su estación final, porque Dios es amor…
Uno de los grandes desafíos que tenemos los creyentes de nuestro siglo es poder mostrar al mundo que nuestra fe nos hace amar a los que nos aman y a los que no nos aman. Que nos hace ayudar a los que lo necesitan aunque no sean «de los nuestros». Que nos hace perdonar a los que nos hacen daño y a pedir perdón cuando nosotros nos equivocamos. Que nos hace olvidar las ofensas recibidas a ejemplo de Jesús y esperar en la misericordia de Dios para vivir nuestros días. Todo esto es el amor que predicamos e intentamos vivir…
Mario Santana Bueno
Miércoles, 4 de enero de 2017
