
No es ningún secreto que en el mundo de hoy tenemos una gran crisis de identidad motivados por distintos agentes y factores. De esta crisis identitaria no nos escapamos los católicos. También en nuestras filas existe un «cacao maravillao» de grandes proporciones…
La crisis se refleja en la confusión de términos y contenidos que damos superficialmente por válidos; de esta manera vemos que…
– ya no hablamos entre nosotros de «hermanos» sino de «compañeros»… ¿Se imaginan ustedes al bueno de san Pablo diciendo: «queridos compañeros…» o al papa hablando en los mismos términos… ? y lo malo es que algunos dan este cambio por bueno… Lo único bueno que tiene esta expresión entre los católicos es la carga de sinceridad que demuestra: tu interlocutor no te percibe ni te siente como hermano sino que te degrada a un «compi» más… por lo menos es sincero…
– en muchos católicos la oración ha quedado olvidada y reemplazada. Ahora lo que muchos buscan son terapias para tener «pensamientos positivos» en lugar del «pensamiento de Dios». Buscan espiritualidades y ritos orientales que pacifique sus vacíos interiores… pero no dejan espacio para el «Espíritu Santo».
– hay otros que cuando dicen «comunidad» se refieren a ese compadreo mundano de coleguillas a medio hacer que van buscando más las respuestas a sus carencias afectivas que el verdadero significado de lo que es la Iglesia que es verdadera comunidad…
– otros, cuando dicen «pobres» solo piensan en el socorro material que necesitan los indigentes y se olvidan de esa dimensión tan amplia que define al pobre como la persona que vive esclavizada en sus adentros y que no sabe salir por si mismo de su propia indigencia, por eso necesita de Dios y de nosotros…
– algunos se apuntan a revolucionarios. Ya saben ustedes que es más fácil hacerse revolucionario que seguidor de Cristo. Entienden la revolución desde meras claves sociológicas y no se dan cuenta que la gente lo que espera de los católicos es mucho más que análisis sociológicos. Lo que esperan de nosotros es la llamada comprometida llena de amor y de justicia que nos trae Jesús…
– los hay que han olvidado la Palabra y todo el día predican palabras. Las palabras propias y la de los santones laicos que están vacías del Espíritu Santo que de verdad llena y conforta al corazón humano. Hablan mucho de las palabras de fulanito y se olvidan del estudio y la vivencia serena y orante de la única Palabra que nos ha sido dada…
No me digan ustedes que todo esto y mucho más no es un reflejo de la crisis de identidad que estamos padeciendo. Necesitamos claridad en el corazón y la mente para saber descubrir lo que Dios quiere de nosotros en los días de nuestra vida. Todos los días se lo pido a Padre Dios…
Mario Santana Bueno
Miércoles, 14 de diciembre de 2016
Vea también: Vida espiritual
