
1 de febrero de 2026. Mt 5, 1-12a: «Bienaventurados los pobres en el espíritu»
EVANGELIO:
1Al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; 2y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo: 3«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. 4Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. 5Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. 6Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. 7Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. 8Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. 9Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. 10Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. 11Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. 12Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.
HOMILÍA
En la vida se nos ofrecen muchos caminos para conseguir la tan deseada felicidad, pero es cierto que no todos los senderos conducen a la misma. Hay veredas equivocadas que en lugar de acercarnos a la bienaventuranza nos acerca a la malaventuranza.
Con las bienaventuranzas Jesús quiere llevarnos a tener una mente y un corazón despejado y feliz. Es justo lo contrario a las ofertas de felicidad que nos ofrece el mundo. En lugar de ofrecernos cosas y elementos exteriores lo que nos propone es el crecimiento interior, llenar nuestra vida de unos valores que no fallan en el camino de la felicidad.
Jesús contrapone la felicidad entendida según el mundo: los que son ricos en múltiples cosas: dinero, cultura, poder, placeres… y nos da una noción totalmente distinta. Ser feliz no es tener sino ser.
Las bienaventuranzas son una guía en el camino cotidiano. Nos describe cómo debe vivir un creyente para ser una persona feliz.
Meditemos brevemente cada una de ellas que bien nos puede servir como examen de vida y de conciencia:
- «Felices los que reconocen su pobreza espiritual, porque el reino de Dios les pertenece.» Pobre de espíritu es aquel que tiene un corazón pobre y que se siente pequeño, mendigo, insuficiente y que depende siempre de Dios.
- «Felices los que están tristes porque Dios los consolará.» Las personas que están afligidas por sus pecados, ésta es la aflicción que produce el arrepentimiento en la vida de los seres humanos. Dios consolará a los arrepentidos.
- «Felices los de corazón humilde, porque recibirán la tierra que Dios le ha prometido.» Son humildes de corazón los que se someten de verdad a la voluntad de Dios.
- «Felices los que anhelan hacer lo ordenado por Dios, porque Él hará que se cumpla su deseo.» Es tener interés en Cristo, en su gracia, en sus promesas, en su santidad. Hambre y sed de justicia de las cosas espirituales. Sus deseos quedarán satisfechos.
- «Felices los compasivos, porque Dios tendrá compasión de ellos.» La misericordia es una llamada constante en la vida de cristiano. Compadecerse del otro es sentir con el otro.
- «Felices los de corazón limpio, porque verán a Dios.» Esta es la bienaventuranza que más abarca. Es el deseo constante de estar en Dios y con Dios.
- «Felices los que procuran la paz entre los hombres, porque Dios los llamará hijos suyos.» Sembrar la paz interior y exterior para lograr la auténtica armonía espiritual.
- «Felices los que sufren persecución por hacer lo ordenado por Dios, porque el reino de Dios les pertenece.» Seguir la voluntad de Dios no es fácil en un mundo que intenta apartarlo de su realidad diaria. Este desencuentro que provocan muchas personas produce persecuciones y tensiones.
- «Felices ustedes, cuando la gente les insulte y les maltrate, y cuando por causa mía digan contra ustedes toda clase de mentiras.» Incluso en los momentos más difíciles y duros de la vida el seguidor de Jesús siempre lo sentirá cercano.
Buen proyecto de vida para un mundo que cada vez tiene menos proyectos para hacer a las personas más felices. La salvación que Cristo nos trae nos dará la fuerza y las claves para seguir viviendo las bienaventuranzas.
Para la reflexión:
- ¿Qué papel tienen las bienaventuranzas en tu vida diaria?
- ¿Cuáles son las bienaventuranzas que más te cuesta vivir? ¿Por qué?
- ¿Cómo poder transmitir las bienaventuranzas a los demás?
- ¿Cuáles son las bienaventuranzas más necesarias para el ambiente donde vives? ¿Por qué?
- ¿Qué relación existe entre las bienaventuranzas y los más débiles de la sociedad?
©2005 Mario Santana Bueno
Vea también: ¿Qué son las bienaventuranzas? y Para entender el Evangelio de cada domingo
ORACIÓN DESDE EL EVANGELIO:
Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa.
Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en los cielos.
Nunca se sintió la gente más cerca del Reino de los cielos, Jesús, que cuando te oyeron pronunciar aquellas bienaventuranzas. Tus palabras no sabían a condena ni a exigencias imposibles. Tu propuesta era posible, al alcance de todos. Personas que en su pobreza sabían compartir con elegancia y discreción. Personas que asumen su pobreza, y viven la vida con sana alegría. Personas que saben lo que es llorar, y por eso están cercan de los que les tocaba ahora hacerlo, sin sermones vacíos sino con el propio ejemplo. Personas que la vida les había castigado y que ahora no levantaban el dedo acusador antes los caídos y equivocados. Personas puentes que intentaban acercar a los que se habían distanciados y no encontraban la forma de recomponer lo roto. Personas justas y honradas que no se venden fácilmente. Personas capaces de escuchar y valorar lo bueno y noble, venga de donde venga. Personas que con frecuencia vacían el contenedor interior, para no acumular basuras que terminan enfermando el corazón. Personas que no se derrumban ante la crítica ni entran en el juego del juicio y la descalificación, con palabras llenas de veneno. Personas que saben abrir la mesa para que quepan todos, sin admitir prejuicios. Personas que no buscan el aplauso fácil para contentar a todos, sino la rectitud de conciencia. Personas que valorándose en su justa medida trabajan de manera servicial y discreta, sin buscar protagonismo. Personas no amargadas y que no amargan con análisis supuestamente inteligentes. Personas que saben estar cuando es necesario, y dar un paso atrás para que otros brillen. Personas limpias y honestas que se abren a Dios cada día. ¡Cuántos bienaventurados he conocido, Señor, y cuántos conozco ahora! Por todos ellos, gracias Señor.
Rvdo. Higinio Sanchez Romero
2026
