Para entender el Evangelio. Solemnidad de la Santísima Trinidad. Domingo 26 de mayo de 2024. Ciclo B

Mt 28,16-20: “Bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

Evangelio

Así pues, los once discípulos fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y al ver a Jesús, le adoraron, aunque algunos dudaban. Jesús se acercó a ellos y les dijo:

—Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Id, pues y haced mis discípulos a todos los habitantes del mundo; bautizadlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñadles a cumplir todo lo que os he enseñado. Y sabed que yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Homilía

El domingo anterior, vimos la presencia del Espíritu en nuestra Iglesia y en nuestra vida; este domingo toca ahondarnos en el misterio de Dios.

En la Biblia no aparece por ningún lado la palabra “Trinidad”, pero sí lo que significa: Dios es sólo uno; y es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Con este término de “Trinidad” no se expresa uno más de los atributos de Dios, sino la constitución de su esencia misma.

Tampoco aparece esta doctrina en ninguna de las otras religiones monoteístas. Ni en el judaísmo ni en el Islam se ve el menor vestigio de la misma. La doctrina de la Santísima Trinidad es exclusiva del cristianismo.

Ni que decir tiene que encierra para su comprensión no pocas dificultades que tanto la filosofía como la teología han intentado explicar. El ser humano intenta explicar el misterio, pero la hondura de Dios es inabarcable para nuestra limitada capacidad terrenal. Incluso nos faltan palabras para poder precisar con exactitud tan grandioso misterio.

¿Cómo Dios siendo uno es tres?
¿Cómo tres pueden ser uno?

El cristianismo puede dar la impresión para el alejado de ser una fe complicada, llena de explicaciones a medias, de misterios cuya profundidad todavía en el camino de la vida es poco menos que inaccesible. Puede que algo de esto sea verdad. El mismo san Pablo nos decía que “ahora vemos a Dios como en un espejo, pero entonces lo veré cara a cara”. No me extraña por tanto dos reacciones muy humanas que se dieron en este último episodio del evangelio de san Mateo.

Dice el evangelio que los discípulos reaccionaron de dos maneras:

  • “le adoraron” .- Descubrir la grandiosidad de Dios siempre produce adoración. Recuerdo en mis años jóvenes como después de unos intensos ejercicios espirituales los niños salíamos llenos de Dios, de admiración, amor y respeto a nuestro creador. Algo de esto sentirían aquellos primeros hermanos en la fe.
    Pero no todo es grandiosidad y hermosura. El evangelio nos devuelve casi en la misma línea al realismo diciendo:
  • “pero algunos dudaban”.- Incluso entre los que adoran puede haber quienes duden. La debilidad y la vacilación no significa que la fe no sea sincera. Las dudas se repiten constantemente en los seguidores de Jesús:”¿Será ahora cuando va a proclamar su reino?” “¿Eres tú el que ha de venir…?” y así infinidad de dudas a las que cada uno tiene que dar su respuesta; su propia y personal respuesta.

Por el texto podemos comprobar que los discípulos no estaban inclinados a la credulidad ni a sufrir alucinaciones, sino que primero quisieron tener pruebas seguras de la verdad, para adherirse después a ella de todo corazón. “Sus dudas —dice san Jerónimo— aumentan nuestra fe”.

Las personas nos movemos en nuestra existencia terrena en estos dos parámetros: adoración y duda. Tener dudas no es malo; lo malo es no encontrar la respuesta que Dios nos da a cada una de ellas.

En el fondo la Trinidad es ni más ni menos la entrega total, plena y profunda de Dios. Descubrir al Padre al Hijo y al Espíritu Santo actuando en tu vida, es la mayor aventura espiritual que puede hacer un ser humano en todo el caminar de su existencia.

Dejarse llenar por Dios es con mucho la mejor manera de seguirle. En esta tarea Jesús nos deja el encargo de bautizar y proclamar la Trinidad. ¿Por qué Jesús dice que hay que bautizar en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo? porque sabe perfectamente que en ellos está el mismo núcleo de Dios. Descubrir esto en nuestra vida de creyentes es dejar que sea Dios mismo quien nos guíe.

El Padre es Dios por nosotros. El Hijo, Dios con nosotros. El Espíritu Santo es Dios en nosotros.

PARA REFLEXIONAR:

  1. ¿Está presente en tu vida la Trinidad? ¿Cómo?
  2. ¿Cómo explicarías a un alejado la realidad de la Trinidad?
  3. ¿Se puede ser un auténtico creyente y tener dudas? ¿De qué tipo?  ¿Por qué?
  4. ¿Crees en la Trinidad porque es un “dogma” o porque realmente experimentas su presencia en tu vida?
  5. El evangelio termina con la promesa de Jesús que estará siempre con nosotros hasta el fin del mundo: ¿Cómo podemos experimentar esta realidad en nuestro momento histórico? ¿Dónde está Dios hoy?

©Mario Santana Bueno

2003

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