Priscilla de la Cruz era bruja y fue rescatada por Jesús

Priscilla Locke, ahora se hace llamar Priscila de La Cruz por su propia historia de conversión que hoy viene a contarnos. Y es que la cruz como ella misma reconoce, ahora forma parte de su identidad, pero no siempre fue así. Por muchos años Priscilla rechazó la cruz de cristo y a la iglesia. Siendo adolescente, Priscilla pertenecía a un colegio católico dónde tomó los sacramentos y realizaba todas las actividades que allí se proponían. “Hacíamos retiros espirituales, teníamos catecismo todos los días, hacíamos misas semanales y rezamos todos los días antes de empezar las clases”, recuerda.

Ese era el día a día en la escuela para ella. Estaba acostumbrada, ese era su mundo. Además, en casa también lo veía a través de la figura de su madre, una mujer piadosa y muy querida por su comunidad. Ella le inculcó los mejores valores que le pueden inculcar a un hijo. Su hermana nunca se reveló, pero ella sí. Fue a partir de los doce años. “Siento que algo sucedió en mí cuando empecé la pubertad. Los primeros signos de esta rebelión fueron las preguntas que yo empecé a realizar a las monjitas sobre los dogmas de la iglesia”, comenta.

Algo se metió un día en la cabeza de Priscilla que la llevó a formular una pregunta irreverente en clase. Les lanzó la pregunta de ¿cómo era posible que la Virgen María hubiera conservado su himen después del nacimiento? En este momento de la grabación, Priscilla siente vergüenza por aquello que dijo. La monjita le comentó que esto era un misterio que no podemos entender. Pero no le gustó la palabra misterio, y tomó esa palabra como un reto. Así, entra en el Apostolado del Grupo Juvenil con las hermanas Salesianas. Tenía ilusión por participar de todo eso. “Me esmeré en la carta para que me aceptaran.

Las niñas hacían obras sociales y todo eso me encantaba”. Fui aceptada y ya dentro del grupo se dio cuenta que sus compañeras eran personas muy criticonas, eso no le pareció una actitud cristiana. Una rebelión se inició en ella sin darse cuenta. En aquel momento antes de salir con las amigas, Priscilla le gustaba quedarse observando a la Virgen María. Pero todo esto se fue diluyendo y por mala nota en las Matemáticas terminaron por cambiarla de centro a un colegio laico. “Ahí conocí que existían otras iglesias. Cae en mis manos un panfleto de los Testigos de Jehová”. Leyéndolo se sorprendió que todo lo que planteaban refuta todo lo que decía la iglesia que ella conocía. No entendía nada, sólo tenía un sentimiento de que había sido engañada. Empezó a devorar muchos libros sobre historia antigua, mitología.

En esa búsqueda, se topa con libros de esoterismo, magia negra, adivinación, astrología, todo el kit. Empieza a leerlo, a devorarlo, era un mundo nuevo por descubrir con el que estaba emocionada. “Ya se había sembrado la semilla del mal. Quería hacer todo eso. Empecé a darle crédito a todas estas cosas”, reconoce.

Para esa época ya se inicia en las prácticas con sus nuevas amigas del nuevo colegio. Era una forma de socializar también ya que era una chica que solía tratar más con personas mayores. Este nuevo hobby le facilitaba conocer gente nueva. “Empecé a desarrollar un sistema de adivinación con las cartas. Era una especie de lectura y tiraba las cartas. Las predicciones que yo daba se cumplían. La voz corrió y los jóvenes me pedían esto. Arrastré a muchas almas al pecado”.

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