Moisés le dijo a Dios: “Si no vienes en persona, no nos hagas salir de aquí” (Éxodo 33,15) Meditación

Este texto breve pero profundo donde Moisés le dice claramente a Dios lo que tiene que hacer es una invitación a nuestra vida para hacer lo que Dios nos dice…

“Moisés dijo al Señor: “Tú me has dicho: “Guía a este pueblo”; pero no me has comunicado a quién enviarás conmigo. No obstante, tú me has dicho: “Yo te conozco personalmente y te he concedido mi favor”. Ahora bien, si realmente he obtenido tu favor, muéstrame tus designios, para que yo te conozca y obtenga tu favor; mira que esta gente es tu pueblo”. Respondió el Señor: “Iré yo en persona y te daré el descanso”. Replicó Moisés: “Si no vienes en persona, no nos hagas salir de aquí; pues ¿en qué se conocerá que yo y tu pueblo hemos obtenido tu favor, sino en el hecho de que tú vas con nosotros? Así tu pueblo y yo nos distinguiremos de todos los pueblos que hay sobre la faz de la tierra”. El Señor respondió a Moisés: “También esto que me pides te lo concedo, porque has obtenido mi favor y te conozco personalmente”.

(Éxodo 33, 12-17)

Previamente en el versículo 11 dice:

“El Señor hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con un amigo…”

(Éxodo 33, 11)

Moisés estaba hablando con Dios después de que el pueblo de Israel había pecado adorando al becerro de oro olvidándose del Señor. Moisés estaba preocupado por la presencia de Dios y quería asegurarse de que Dios estuviera con ellos en su viaje hacia la Tierra Prometida. Moisés reconocía que sin la presencia de Dios, no quería ir a ningún lado. Esta declaración muestra la dependencia de Moisés en Dios y su deseo de tener una relación cercana con Él.

Este pasaje ocurre después de que el pueblo de Israel había pecado adorando al becerro de oro. Moisés, como líder espiritual y mediador entre Dios y el pueblo, se encuentra en una situación crítica. A pesar de que Dios había prometido enviar un ángel para guiar al pueblo, Moisés reconoce la importancia de la presencia directa de Dios para asegurar el éxito y la protección del pueblo en su viaje hacia la tierra prometida.

Bonita enseñanza nos deja esta frase de Moisés dirigida al Señor que suena como una exigencia a Dios para seguirle: Si no vienes conmigo no salgo… Moisés reconoce que sin la presencia de Dios, no desea avanzar ni tomar decisiones importantes. Con esta frase se revela la profunda dependencia de Moisés en la presencia y guía de Dios y es una gran enseñanza para nuestra vida cristiana.

Este pasaje muestra la estrecha relación y confianza que Moisés tenía con Dios. Moisés comprendió que sin la presencia de Dios, cualquier esfuerzo o éxito sería en vano. Mostraba su total dependencia de Dios y su deseo de que Dios estuviera siempre presente en su vida y liderazgo.

La frase “Si no vienes en persona, no nos hagas salir de aquí” refleja la dependencia absoluta de Moisés y del pueblo de Israel en la guía y la presencia de Dios. Moisés está expresando que sin la presencia de Dios, no desean avanzar ni tomar ninguna decisión, ya que saben que su éxito depende completamente de la dirección divina.

Esta actitud de Moisés nos enseña la importancia de confiar en la guía y la presencia de Dios en nuestras vidas. También nos recuerda la importancia de buscar la voluntad de Dios en todo lo que hacemos, reconociendo que sin Su presencia, nuestros esfuerzos pueden carecer de significado o éxito duradero.

No podemos crecer o avanzar si Dios no está con nosotros

En nuestro desorientado mundo hay personas que creen profundamente que con su solo esfuerzo personal, e incluso espiritual, es mas que suficiente para lograr éxitos materiales o reconocimientos humanos. Gracias a Dios los cristianos no funcionamos así. Somos grandes, crecemos en la grandeza del amor cuando Dios está presente en nuestra vida diaria, en nuestros quehaceres y miserias. Las personas pueden conseguir grandezas materiales pero sin Dios nunca podrán conseguir la grandeza del alma, aquella que nos ayuda a descubrir de verdad el sentido de la vida y de lo que pasa en ella. Sólo donde está presente el Señor es donde hay crecimiento espiritual y humano.

Si te fijas en la historia de la humanidad lo que ha permanecido es la grandeza del alma que no es otra cosa que la presencia de Dios. El mal con sus garras ha desbaratado vidas humanas y procesos y circunstancias para la mejoría del ser humano. El mal disfrazado de mil maneras ha confundido durante siglos a los seres humanos deshumanizándolos y alterando su proceso espiritual que no es otra cosa que el retraso espiritual. Mira como la historia humana nunca ha sido una historia de felicidad completa sino siempre está sujeta a los ajustes de todas las disciplinas humanas. Con cada invento, con cada señal de progreso humano hemos mejorado nuestras condiciones de vida, pero no nuestra vida… Podríamos decir que cuando Dios no acompaña al ser humano, cuando la persona no se deja acompañar, la vida, a pesar de los logros materiales siempre nos sabe a poco. No hay nada material que llene nuestro corazón.

Al lado de este panorama un tanto sombrío podemos preguntarnos si la vida sin Dios tiene sentido. Este es el gran tema del desarrollo humano. Cuando apartamos a Dios de nuestra vida el hueco que deja es más doloroso y más profundo que cualquier socavón del alma. Es como si quitáramos el sabor de la sal o del azúcar y le siguiéramos llamando como tales, aunque ya solo sea una sola palabra sin ningún sabor ni significado.

La respuesta de Jesús: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos” (Mt 28, 21).

Jesús pronunció esta frase después de su resurrección y antes de ascender al cielo. En este pasaje, Jesús está enviando a sus discípulos para que vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a obedecer todo lo que él les ha mandado. Luego, Jesús les asegura que estará con ellos todos los días, hasta el fin del mundo.

Este “yo estoy con ustedes” son las últimas palabras de Jesús en el evangelio de san Mateo (Mt 28, 21) y están enmarcadas en el envío que Jesús hace de sus discípulos. Les dice que vayan al mundo y que hagan discípulos bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar lo que Él nos ha mandado… Y nos deja una promesa: Yo estaré con ustedes siempre… Esta promesa es garantía del amor inmenso que Dios nos tiene. A pesar de nuestras miserias, tentaciones y pecados el Señor quiere salir con nosotros cada día a los caminos de la vida, para ofrecernos su propia vida, por eso la visión de los cristianos es siempre una meditación optimista sobre la existencia humana y el propio devenir humano.

Esta frase es una promesa de Jesús de que estará presente y cercano a sus seguidores en todo momento. Es una afirmación de su presencia continua y su apoyo a aquellos que creen en él y siguen sus enseñanzas. Esta promesa brinda consuelo y fortaleza a los seguidores de Jesús, recordándoles que no están solos y que él los acompaña en su caminar de fe.

Es importante destacar que esta frase de Jesús no solo se aplica a sus discípulos en ese momento, sino que también se extiende a todos los creyentes a lo largo de la historia. Jesús promete estar con sus seguidores en todo momento, brindándoles su guía, protección y amor. La vida cristiana no es otra cosa que saber acoger con todo el alma esos regalos de compañía que Dios nos hace cada instante.

Dios camina con nosotros

Esta es la seguridad de quien ama. Dios no se ha desentendido ni de las personas ni de su creación. La vida funciona cuando dejamos que el aroma de Dios ambiente nuestros corazones, nuestra mente y nuestro espíritu.

Pregúntate cada día si estás caminando en Jesús, si tu mente, tus deseos y anhelos coinciden con los del Señor y los tuyos con Él. Déjate amar, déjate guiar, déjate acompañar, confía en quien te ama porque el amor no es otra cosa que sentirse profundamente amado con unas entrañas infinitas de paz y misericordia y Dios es la única fuente, la única mina de la que extraemos con su ayuda la alegría y la misericordia de la fe.

El infierno es la soledad, es saber que nadie te ama ni te espera. El experimentar una vida vacía desorientada en su propia raíz. La desorientación del alma es confundir la felicidad con la fatalidad y creer que todo lo podemos entender cuando en realidad la vida humana no es otra cosa que vivir sin entender. Sólo el Señor puede responder a los deseos más profundos, siempre y cuando le dejemos caminar con nosotros…

Moisés le pide a Dios su presencia personal, Jesús nos responde…

Mario Santana Bueno

2024

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