Las virtudes cardinales, pilares de la vida buena

Antes de tratar cada una de las virtudes cardinales, quien escribe tuvo la ocasión de abordar el tema de los pecados capitales: en esa ocasión, se constató el resurgimiento y la gran actualidad de este tema, sobre todo en las humanidades, la filosofía, el arte, la literatura y la espiritualidad. Esta multiplicidad de enfoques es un índice de la riqueza y complejidad de las acciones humanas, y resulta indispensable para comprender la gravedad de sus derivas, pero sirve además para conocer el bien que se busca en estos vicios, aunque sea de manera inadecuada. En efecto, la variedad de situaciones que muestra cada uno de ellos podría considerarse una verdadera enciclopedia de las acciones humanas.

Sin embargo, al final de ese recorrido articulado, quedaba la pregunta básica: ¿cómo identificar ese bien perseguido en vano por esos múltiples, y en muchos sentidos fascinantes, intentos? Se trataba, en otras palabras, de la cuestión de la virtud, de la capacidad de reconocer y poner en práctica el bien propio del hombre, que puede dar sabor y plenitud a su vida. El discurso que resultaba de esta, empero, era muy diferente en este punto.


Si el tema del vicio fascina, no se puede decir lo mismo – desgraciadamente – de su tema especular: las virtudes cardinales, las virtudes propiamente éticas, aquellas que hacen mejor a quien las practica.

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