La felicidad. Padre Espinosa

Desde un punto de vista católico, la felicidad se entiende como un estado de bienaventuranza y plenitud que se alcanza a través de una relación profunda y auténtica con Dios. Esta perspectiva se basa en la enseñanza de que el ser humano fue creado por Dios y para Dios, y que solo en Él puede encontrar la verdadera y completa felicidad.

Algunos puntos clave sobre la felicidad desde la perspectiva católica incluyen:

  1. Relación con Dios: La felicidad verdadera se encuentra en la unión con Dios. Según San Agustín, “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”. Esto implica que la búsqueda de Dios y vivir conforme a su voluntad es esencial para alcanzar la felicidad.
  2. Bienaventuranzas: En el Sermón de la Montaña (Mateo 5:3-12), Jesús presenta las Bienaventuranzas, que son una serie de enseñanzas que describen el camino hacia la verdadera felicidad. Estas incluyen ser pobres en espíritu, mansos, misericordiosos, y puros de corazón, entre otros.
  3. Virtudes y vida moral: La Iglesia Católica enseña que vivir una vida virtuosa, siguiendo los mandamientos y las enseñanzas de Cristo, conduce a la felicidad. Las virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) y las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) son fundamentales en este camino.
  4. Amor y servicio al prójimo: La felicidad también se encuentra en el amor y el servicio a los demás. Jesús enseñó que amar a Dios y al prójimo son los dos mandamientos más importantes (Mateo 22:37-40). El amor desinteresado y el servicio a los demás son caminos hacia la verdadera felicidad.
  5. Esperanza en la vida eterna: La felicidad plena y definitiva se encuentra en la vida eterna con Dios. La fe católica enseña que, aunque en esta vida podemos experimentar momentos de felicidad, la verdadera y completa felicidad se alcanzará en la vida eterna, en la presencia de Dios.

Desde el punto de vista católico, la felicidad es un estado de bienaventuranza que se logra a través de una relación íntima con Dios, viviendo según sus enseñanzas, practicando las virtudes, amando y sirviendo al prójimo, y teniendo la esperanza de la vida eterna.

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