Jesús y los enfermos. Jesús sana y cura nuestra vida

Centro San Camilo para la Humanización y la Pastoral de la Salud.
Acompañamiento a los que sufren.

Objetivos
– Acercarnos a la vida de Jesús y descubrir sus actitudes para con los enfermos
– Dinamizar nuestro trabajo pastoral a la manera de Jesús

ANALICEMOS

El milagro del amor
En el centro de la ciudad había una iglesia grande de ladrillo rojo, ventanales de colores y una alta torre con un reloj que daba las horas. En la torre había luces intermitentes para que los aviones no chocaran.
En torno a la iglesia había calles muy anchas de gran circulación. Día y noche circulaban todos en torno a la iglesia.
Dentro de la iglesia, en el altar mayor, había un Cristo, colgado de una gran cruz de madera negra. Los domingos la iglesia se llena, pero durante la semana está casi vacía. Sólo algunas viejas y alguna monja van al templo a rezar o a oír misa.
Un día cualquiera chocan dos autos frente al templo. Junto a los carros destrozados se agolpa la gente con curiosidad. Hay heridos y sangre, pero nadie ayuda a los heridos, nadie llama una ambulancia. Los heridos gimen y piden auxilio. Pero nadie se mueve.
Desde la iglesia se oyen los gemidos de los accidentados. Desde la cruz el Cristo escucha los lamentos de los heridos. Entonces, al ver que nadie socorre a los accidentados, ante el asombro de dos viejitas que estaban en el templo, el Cristo desclava sus manos y sus pies, desciende de la cruz, camina rápido por el centro del templo y sale a la calle al lugar del accidente. Los transeúntes se asombran de ver a un hombre medio desnudo con corona de espinas que se apresura al lugar del accidente, corta las hemorragias, reanima a un moribundo haciéndole respiración boca a boca, entra en una cabina para llamar una ambulancia.
La gente le reconoce y comienza a exclamar entusiasmada: ¡Es Jesús, milagro, milagro!
Pero Jesús les dice: El único milagro es el amor. De poco sirve que la gente vaya al templo si no aprende a amar, sobre todo a los necesitados. Este es mi gran mandamiento. Y lentamente Jesús se abre paso por entre la multitud, regresa de nuevo a la iglesia y se sube a la cruz.
Y cuenta la leyenda que ninguno de aquellos accidentados murió, y que desde aquel día la iglesia fue más visitada y la gente de aquella ciudad fue más solidaria…

Jesús sana y cura nuestra vida

En la vida cristiana, la figura de Jesús es central no solo como salvador, sino también como sanador. A lo largo de los evangelios, vemos numerosos ejemplos donde Jesús realiza milagros de sanación física y espiritual, mostrando su compasión y poder divino.

Sanación física: Jesús cura a los enfermos, devuelve la vista a los ciegos, hace caminar a los cojos y resucita a los muertos. Estos milagros no solo demuestran su divinidad, sino también su profunda empatía por el sufrimiento humano. En Marcos 5:34, Jesús le dice a una mujer que ha sido sanada de una enfermedad crónica: “Hija, tu fe te ha sanado. Vete en paz y queda sana de tu aflicción”. Este acto de sanación física es un recordatorio de que, con fe, podemos experimentar la curación en nuestras vidas.

Sanación espiritual: Jesús también se enfoca en la sanación del alma. Su perdón y amor incondicional nos liberan del pecado y nos brindan una nueva vida en comunión con Dios. En Juan 8:11, Jesús le dice a la mujer atrapada en adulterio: “Yo tampoco te condeno; vete y no peques más”. Esta declaración resalta su deseo de sanar nuestras heridas espirituales y darnos una oportunidad de redención.

Sanación emocional: Jesús invita a los cansados y agobiados a encontrar descanso en Él (Mateo 11:28-30). Su presencia y sus enseñanzas ofrecen consuelo y paz a nuestros corazones atribulados. Él entiende nuestras luchas y nos ofrece su amor y apoyo incondicional.

Sanación relacional: Jesús también nos llama a sanar nuestras relaciones con los demás. Él nos enseña a amar a nuestros enemigos, perdonar a los que nos han hecho daño y buscar la reconciliación. Estas enseñanzas son esenciales para vivir en armonía y sanar las fracturas en nuestras relaciones personales.


La sanación que Jesús ofrece es integral y abarca todos los aspectos de nuestra vida. Su amor y compasión nos invitan a confiar en Él y a experimentar la plenitud de su gracia y curación. Con fe y entrega, podemos abrirnos a la transformación y sanación que solo Él puede ofrecer.

(Este artículo ha sido generado con la ayuda de una inteligencia artificial.)
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