Examen de conciencia para una buena confesión

La confesión es uno de los siete sacramentos de la Iglesia católica. Es un medio necesario de renovación espiritual y sanación. Sin confesión, no se puede perdonar ni expiar el pecado grave, ni conceder ni restablecer la gracia. La raíz de todo arrepentimiento verdadero es el examen de conciencia. Lo siguiente es un esquema para un examen de conciencia exhaustivo y fructífero que conduzca a una buena confesión. Este examen no es exhaustivo, y cada persona debe añadir las áreas de preocupación que considere oportunas para hacer su propia confesión individualizada.

Orientación para una buena confesión

La frase latina para una buena confesión es ‘examen de conciencia’. El examen empieza con una confesión sincera y personal de los pecados y fracasos ante Dios. Hecho esto, es hora de repasar las siete áreas generales de la vida loable que una persona necesita cultivar y practicar para alcanzar la felicidad eterna. En esencia, es bueno elegir unos pocos puntos de cada una de las siguientes siete secciones para las que se desea recibir la gracia y la sanación de Dios mediante la confesión.

Examen de la vocación y misión

¿Cumplo fielmente mi estado de vida?
En la Iglesia existen distintos estados de vida: soltero, religioso, casado, además de las distintas profesiones y carreras. Cada uno de estos estados de vida tiene sus propias responsabilidades y oportunidades de santidad. Es una buena idea preguntarse si se es fiel al estado de vida que se ha recibido.

Examen del culto y la oración

¿He dado a Dios el culto que le corresponde: a través de los sacramentos, la Misa, la oración diaria?
Todo católico está llamado a una vida de oración continua, y el principal medio de esta oración es la Misa. La oración no sólo debe formar parte de la actividad diaria, sino también del corazón. El rezo del rosario, la Lectio Divina y la lectura orante de la Escritura son lugares en los que podemos ayudar a dirigir nuestra atención hacia Dios. Desglosando más claramente los diversos estados de vida, es bueno tener en cuenta las distintas clases y tiempos de oración propios de cada estado de vida concreto y las necesidades especiales de cada uno.

Examen del aprendizaje y el servicio

¿Me esfuerzo por aprender y comprender mi fe a lo largo de la vida y por utilizar esos conocimientos para servir a los demás?
La vida cristiana se va forjando a lo largo de la vida, lo que significa que siempre debemos aprender sobre la fe: enseñarnos a nosotros mismos, educar a nuestras familias, explicar la fe a los no católicos. La caridad y el servicio a los demás es una de las grandes marcas de la vida cristiana, y exige que cada persona utilice sus capacidades y conocimientos únicos para servir a Dios y al prójimo.

Examen del santo deseo y los sacrificios

¿Tengo un deseo profundo de ser y hacer todo lo que Dios quiere que sea y haga?¿Veo el valor de los sufrimientos que se cruzan en mi camino y los utilizo para expiar por el pecado y acercarme a Cristo?
La santidad no es sólo un conjunto de normas u obligaciones, sino un deseo profundo y sentido en el corazón de parecerse más a Dios, de entregarse totalmente a Dios. Sólo a través de la ofrenda de todos nuestros deseos y sufrimientos podemos llegar a ser grandes santos. Esta ofrenda debe hacerse por la pureza de nuestras intenciones, el amor de Dios y la salvación del mundo.

Examen de los hábitos buenos y malos

¿Tengo algún hábito pecaminoso que impida la expresión de mi deseo de santidad?
A menudo nos encontramos con que nuestra naturaleza caída ha distorsionado nuestros deseos y nos ha llevado a patrones repetidos de pecado. Mediante el sacramento de la confesión y la gracia de Dios, podemos vencer estos hábitos y hacer nuestros los hábitos virtuosos.

Examen del crecimiento y la fecundidad

¿Qué buenos frutos se han producido en mi vida recientemente?
La vida cristiana debe ser fecunda: la actividad virtuosa debe abundar mientras intentamos parecernos más a Cristo. La participación regular en los sacramentos, así como una vida de oración, producirán muchos frutos buenos en nuestra vida y en la vida de quienes nos rodean

El sacramento de la Confesión es una poderosa herramienta para ayudar a mantener la unidad con Cristo, para superar el pecado tan prevalente en el mundo y para crecer en virtud. El discernimiento continuo y oportuno de las propias acciones, metas y temperamentos preparará mejor a las personas para recoger los beneficios de una buena confesión.

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