Espiritualidad. Diez criterios para discernir cómo está tu nivel de silencio interior

¿Qué es el silencio interior?

El silencio interior no consiste en callar; consiste en callar interiormente. Es una práctica meditativa o contemplativa que consiste en aquietar la mente, aunque sólo sea por unos instantes. El silencio interior puede aportar paz y calma en medio de la agitación de nuestras vidas. Abre un espacio en el que conectamos con nuestro verdadero yo, en el que reflexionamos profundamente sobre nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. El silencio interior es también una poderosa herramienta para el autoconocimiento, ya que aprendemos a escuchar profundamente nuestra voz interior.

Entender el silencio interior

El silencio interior es un estado interno que se experimenta cuando la mente, las emociones y el cuerpo se aquietan. Es un espacio en nuestro interior en el que los pensamientos, los sentimientos y las sensaciones físicas se disuelven gradualmente. Esto puede ocurrir espontáneamente o mediante una práctica de meditación. El silencio interior también puede experimentarse cuando estamos totalmente absortos en una actividad, como pintar, tocar música o pasear por la naturaleza.

¿Por qué es importante el silencio interior?

El silencio interior es importante porque desempeña un papel vital en nuestro bienestar. Los estudios sugieren que la práctica del silencio interior puede ser beneficiosa para las personas con estrés crónico, ansiedad, depresión e incluso enfermedades cardiacas. El silencio interior también puede ayudarnos a conectar con nuestra sabiduría interior, nuestra intuición y nuestro yo superior. Al dedicarnos a prácticas contemplativas o meditativas, podemos acceder a las respuestas a nuestras preguntas más profundas, comprender mejor nuestra vida y desarrollar una sensación de paz.

Cómo cultivar el silencio interior

Hay varias formas de cultivar el silencio interior: meditación de atención plena, meditación de atención focalizada, meditación caminando y escribir un diario. La meditación de atención plena consiste en llevar nuestra atención al momento presente y observar nuestros pensamientos y sentimientos sin juzgarlos ni analizarlos. La meditación de atención focalizada nos ayuda a concentrar la mente en un objeto concreto, como la respiración. La meditación caminando consiste en caminar lenta y suavemente mientras estamos presentes en nuestro entorno. Llevar un diario también puede ser una herramienta poderosa para ayudar a nuestra mente a aquietarse, escribiendo nuestros pensamientos y sentimientos.

Los beneficios del silencio interior

Cuando cultivamos el silencio interior, empezamos a experimentar una serie de beneficios. Podemos experimentar un aumento de la autoconciencia, un incremento de la atención y la concentración, y una tranquilización del sistema nervioso. El silencio interior nos ayuda a adquirir una sensación de paz y armonía internas, y puede conducirnos a una visión más positiva de la vida. El silencio interior también puede ayudarnos a desarrollar nuestra intuición, ya que aprendemos a escuchar profundamente nuestra voz interior.

Abrazar el silencio interior

El silencio interior es una práctica que debemos abrazar para experimentar todos sus beneficios. Podemos practicar la meditación de atención plena, la meditación de atención focalizada, la meditación caminando y escribir un diario. También podemos practicar el dejar ir el parloteo de nuestra mente y devolver nuestra atención al momento presente. Abrazar el silencio interior puede ayudarnos a lograr una conexión más profunda y profunda con nosotros mismos y con quienes nos rodean.

Diez criterios para discernir cómo está tu nivel de silencio interior

Primero:

Observa si queda algo por perdonar en ti, o en tu vida. En tu pasado más remoto o más cercano. Mira si hay algún recuerdo que perturba tu alma. No puedes olvidar que la búsqueda del lugar del propio corazón, tu unificación interior, y el hecho de tener que ser “anuncio evangelizador” en tu vida, exigen una plena paz de alma. Y te animan a buscar el lugar del corazón, para establecer en él un ámbito de comunión y de encuentro.

Para poder hacer este camino hacia el corazón, has de vivir en una pureza total de la memoria, del pensamiento y de la imaginación, y acoger en ti la presencia vitalizadora de Cristo.

Has de ser capaz de amar y de dejarte amar. Vivirás en la transparencia total para poder ser “luz”. No pretendas iluminar. Que tu primer objetivo sea vivir en la iluminación interior.

Segundo:

Observa si en tu vida puedes decir que has hecho de manera tan eficaz que se pueda notar el don absoluto de tu amor total a Dios y a los hermanos. Mira si en tu manera de vivir se ve que para ti “nada vale la pena en comparación con el supremo bien de conocer a Jesucristo, mi Señor” (Fil 3,8). El resucitado vive en ti y quiere establecerse en tu interior.

Busca “ese” lugar interior en el que Él vive: es el corazón centro de todo lo que vives y sientes. Haz el camino con paz, sin prisas… sin nerviosismos, ni precipitaciones. Date el tiempo necesario para llegar. De momento busca el silencio. Te bastará “estar” serenamente contigo mismo.

Tercero:

Observa si te desestabilizan interiormente, o anímicamente, tus limitaciones y pobrezas, o las de tus hermanos…, o por el contrario si vives en la paz de reconocerlas sinceramente para superarlas aceptándolas. ¿Te dejas llevar fácilmente por los “nervios”?…

Recuerda: Cristo que vive en ti siempre te dice: ¡Ten paz, no tengas miedo…!. Pero tú mismo has de vivir en esta paz… que siempre supone la ausencia del temor y de la duda. Porque te has abandonado en confianza.

Cuarto:

Observa si alguna vez, o muchas veces, comienzas el día cansado o sin ilusión de servir y de entregarte.

Mira si lo que predomina en ti es el cansancio o la ilusión, la consideración de las cosas que te cuestan o el ánimo con el que te enfrentas a las cosas que podrías hacer, porque forman parte de tu compromiso con la vida.

¿Te sientes feliz y en paz en tu camino?… ¿Eres feliz? La felicidad que nace en el hondón de tu alma será una señal evidente de que vives en la iluminación interior. Verás que siempre es una felicidad llena de paz, alejada de los “fuegos de artificio” volátiles y pasajeros.

Quinto:

Observa si Él ocupa o no, siempre, directa o indirectamente, tu pensamiento, tu corazón y tu vida.

Pregúntate si esta consciencia de Él en ti, es un estímulo para tu vida. Observa si predominan en ti los criterios que vienen de la fe en Jesús que habla claramente en su Evangelio.

Observa si los hermanos están realmente en el horizonte de tu vida. Pregúntate si tu opción por Jesús es manifestación de esta fe intensa en Él, al que anuncias. Piensa que el Cristo que anuncias es ¡el Señor que vive! Y vivirá en ti, cuando lo acojas en lo más profundo del propio corazón… cuando percibas que Él es el “todo” en tu alma y en tu vida.

Sexto:

Observa si pierdes fácilmente la paz porque no te vives unificado interiormente y vives distraído o disperso. Pregúntate qué es lo que te altera con más facilidad. ¿Actualmente hay algo que te intranquiliza? ¿Estás en paz contigo mismo? ¿Él vive en ti…?. Es verdaderamente el centro que da sentido a todo?…

Séptimo:

Observa si vives o no a Jesús como la opción esencial de tu vida que te ayuda a vivir en la unificación y en la armonía interior.

Pregúntate si la presencia del Señor en ti es vivida con claridad, alegría y fuerza. O aceptas, de hecho, un planteamiento de vida conformista y adormecedor que no te ayuda a crecer, ni a darte siempre y más radicalmente al Señor y al hermano. Nunca olvides que el Señor Resucitado siempre camina entre los hermanos.

Octavo:

Observa si caes en la tentación de aceptar vivir y caminar solo, “a tu aire”, o te arreglas tú la vida por tu propia cuenta, prescindiendo de la comunidad de los hermanos, y de tu deber de ser testigo del Señor en la Iglesia y en el mundo.

Observa si, por el contrario, asumes con responsabilidad el compromiso de reconocer tu papel en la vida y lo que la comunidad puede esperar de ti.

Ten en cuenta los dones que Dios ha puesto en tus manos. ¿Ofreces el don de ti mismo a los demás y te entregas a ellos como signo de que quieres darlo todo y darte del todo?…

Noveno:

Observa si te conformas tranquilamente con la actitud de no esperar contra toda esperanza…, o, por el contrario, eres capaz de vivir y comunicar tu amor radical por el Señor y la alegría de tener la vida en tus manos para ser capaz de darla con esperanza renovada.

¿Eres optimista o pesimista?.

Décimo:

Observa si consciente o inconscientemente salen de tu boca expresiones como éstas: “Yo ya no”…, “Conmigo que ya no cuenten”…, “Yo ya estoy bien así”…, “A mí ya nadie me cambia”…, “Ya nunca jamás volveré a ceder”…, “Ya estoy harto de…

Observa si se dan en ti actitudes cerradas, intolerantes, de juicio negativo precipitado. Observa, sobre todo, si te dejas llevar por la negatividad. Piensa en esta revisión de tu vida que Dios es siempre positivo: «no apaga la mecha que aún humea ni rompe la caña agrietada».

¡Ora, y reconoce la verdad ante Dios!

Jaume Boada Rafí, o.p.

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