¿En verdad me amas? Meditación

Soñé que un día temprano en la mañana me levantaba para observar la salida del sol, y mientras estaba extasiado ante la belleza de la creación de Dios…, y mi corazón se llenaba de admiración y de adoración por mi Creador y le alababa por su maravillosa obra, sentado allí sentí la presencia del Señor conmigo…

“¿Me amas?” me preguntó.

“Por supuesto tú eres mi Dios , Tú eres mi Señor y mi Salvador”

Entonces siguió preguntándome:
“Si estuvieses físicamente incapacitado, ¿seguirías amándome?

Me quedé perplejo…, entonces miré mis brazos, mis piernas, el resto de mi cuerpo y me dije: cuantas cosas que hoy hago con toda naturalidad ya no podría volver a hacerlas. Qué poco valoro lo que tengo y cuán desagradecido soy. Miré al Señor y le dije: “Sería difícil, Señor, pero aún así te amaría”

“Y si estuvieses ciego, ¿amarías aún mi creación?”

Nuevamente me quedé sorprendido y le susurré casi con vergüenza: ¿Cómo podría amar algo siendo incapaz de verlo?. Pero El calló… Entonces pensé en toda esa gente ciega que hay en el mundo y cuántos de ellos aman a Dios y en cuántos que pudiendo ver no sólo no le aman, sino que le niegan o lo ignoran. Y mirándole de nuevo le dije: “Sería dificil Señor, pero aun así te amaría”.

“Y si fueses sordo, ¿aún desearías escuchar mi palabra?”

“¿Cómo podría siendo sordo, Señor?. No respondió…, como si con esos silencios buscase el hacerme reflexionar sobre la profundidad de sus preguntas. Entonces comprendí que escuchar la Palabra de Dios no es meramente usar nuestros oídos, sino nuestro corazón y recordé cuantas veces no siendo sordo, me he hecho el sordo a su Palabra o no he dejado, por el desprecio, la distracción, o la indiferencia con que la he escuchado que ella penetrara en mi corazón. Así es que le contesté: “Sería difícil Señor, pero aún así haría cuanto de mi dependiese para “escuchar” tu Palabra”

“Y si estuvieras mudo ¿me alabarías, alabarías mi Nombre?”

“Señor, ¿pero como podría alabarte sin voz?”… Entonces pensé que Dios lo que desea es que le alabemos y le cantemos primero y sobre todo, en nuestro corazón y desde nuestro corazón. Y que nuestra alabanza ha de surgir tanto de las alegrías, como de las pruebas, que esa es la verdadera alabanza que glorifica a Dios y hace brotar en nosotros la acción de gracias que es la mejor alabanza. “Señor, —le dije— , aunque no pudiera cantarte fisicamente seguiría alabandote y alabando tu Nombre y alabando por Ti al Padre en el Espíritu Santo”.

Esperaba que el Señor me hiciera otra pregunta mas o menos como esas, pero entonces me preguntó:

“En realidad me amas?”

Me sentí tan desconcertado ante esa pregunta, que me costó reaccionar, ¿como podía dudar el Señor de mi amor por Él?. “Sí, —le respondí finalmente con valor y con una profunda convicción—, sí que te amo, porque Tu eres el único Dios vivo y verdadero, Tu eres mi Dios, eres mi Señor, eres mi Salvador”

Se hizo un profundo silencio y yo permanecí callado seguro de que había contestado correctamente y de que el Señor ya no dudaba de mi amor por Él…

Pero entonces el Señor me preguntó:

“Entonces, si me amas, ¿por qué pecas?

¿Por qué en tiempos de paz te alejas de mi y en tiempos de angustia muchas veces apenas si me oras o te llenas de desesperanza y lloras y buscas consuelo en otros hombros que no son los míos?

Si me amas, ¿por qué me pides tantas cosas sin tener fe y sin creer que puedo concedértelas?

¿Por qué tantos días te olvidas de mi y apenas me oras?, ¿Por qué me dejas tan solo en la Iglesia?, ¿Por qué no me ves en tus hermanos y me dañas en ellos de tantas maneras y a veces tan gravemente?, ¿Por que me pides cosas tan egoístas y rezas el Padrenuestro sin pensar en que el Padre es Padre de todos? ¿Por qué pones tantos pretextos cuando te doy la posibilidad de servir y de servirme en los demás?¿Tan ciego estás?, ¿Tan sordo estás?, ¿Tan mudo estás?, ¿Tan insensible estás ante el sufrimiento de los demás, en los que estoy sufriendo yo?

Y, si me amas, ¿Por qué te avergüenzas de mi? ¿Por qué no testificas de mi?, ¿Por qué criticas y dañas a mi Iglesia?, ¿No te das cuenta de que también me estás dañando a mí?”

No pude darle ninguna respuesta, solo las lágrimas que sin cesar rodaban por mis mejillas…

Y el Señor siguió:

“Eres bendecido con la vida, sin embargo con cuanto dolor veo cómo desperdicias ese regalo…

Te he bendecido con talentos para servirme, pero sigues demasiado ocupado en ti, en tus cosas y en tus ídolos…

He puesto a tu alcance medios de salvación y ni siquiera haces uso de ellos. Me quedé en la Eucaristía como alimento de tu alma en tu peregrinar hacia la vida eterna, pero que poco te cuidas de nutrirla.

Te he revelado mi Palabra, pero no veo en ti gran interés por profundizar en ella ni llegar a su conocimiento ni por ponerla en práctica.

Te he hablado de mil maneras, pero cuantas veces tus oídos han permanecido sordos a mis palabras y en tu corazón aún no has iniciado una verdadera conversión.

Te he mostrado mi gloria, pero parece que tus ojos nunca la han visto…

He escuchado tus oraciones y las he contestado todas, pero tu aún no has aprendido mi “lenguaje”, aún no has entendido el significado de mis respuestas y todas ellas te las he respondido con amor…

¿En verdad me amas?”

No pude responderle, estaba demasiado avergonzado y no cesaba de llorar, pero sintiendo su mirada sobre mí, le dije sin atreverme a levantar la cara: “Perdóname Señor y ten misericordia de mi que soy un pecador.”

Y entonces sentí que El me decía con una voz llena de amor y de ternura: “Ya lo he hecho hijo mío”

Sentí como un fuego que me quemaba por dentro y le pregunté:

“Señor, ¿por qué me amas tanto? ¿por qué no te cansas nunca de perdonarme?.

Y entonces me respondió: “Porque tú eres mi creación, porque di mi vida y derramé mi sangre por ti, porque eres hijo de Dios y estás llamado a ser en esta vida templo de la Trinidad, y a la salvación eterna, esa es mi gracia hijo mío y mil veces que falles y mil veces que peques, mil veces te perdonaré siempre que busques con humildad mi perdón y haya en ti un verdadero deseo de conversión y ya sabes que por más graves e imperdonables que te parezcan tus pecados te espero siempre en el Sacramento de la Reconciliación. Y estaré contigo hasta el fin de tus días, nunca te abandonaré. Y cuando estés triste, te consolaré; cuando sonrías, sonreiré contigo; cuando caigas, te ayudaré a levantarte; cuando estés deprimido, te animaré; cuando te sientas cansado, te llevaré en mis hombros y, por siempre, te amaré. Solo te pido que permanezcas fiel y confíes en mi y que procures imitarme haciendo tuyos mis sentimientos, mis criterios y mis actitudes, pues así agradarás y darás gloria al Padre como yo.

Nunca antes había llorado como en ese momento, ¿Cómo no me había dado cuenta aún, de cuantas maneras había estado lastimando a Dios?

Levanté los ojos y buscando los suyos le pregunté:

“¡¡¡¿Tanto me amas Dios mío ?!!!, y desde lo más profundo de mi corazón le dije,algo que muy pocas veces le había dicho en los últimos años: ¡¡¡gracias Señor por amarme tanto!!!,

No sé como, pero de pronto sentí como me estrechaba entre sus brazos y entonces vi sus Manos traspasadas, las besé con todo el amor de mi corazón y cayendo a sus pies lleno de adoración, al verlos también traspasados , por primera vez en verdad oré.

Cuando me desperté seguía orando y al mirar el Crucifijo que hay sobre el cabezal de mi cama, pensé:

“Sí que me ama, me ama tanto que dio su vida por mi”.

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