El progreso en la Vida Espiritual

Dar pasos de crecimiento espiritual significa:

  • Crear inquietudes sanas: ¿Te sientes satisfecho de tu vida? ¿Qué estás haciendo por Dios y por los demás? ¿Crees que Dios te pide algo más? ¿Eres plenamente feliz? ¿Estás invirtiendo bien los talentos que Él te ha dado? ¿A dónde quiere llevarte Dios? ¿Tienes claras tus metas en la vida? ¿Cuál es tu actitud habitual respecto a la voluntad de Dios? ¿Miedo de escucharlo? ¿Indiferencia ¿Aceptación gozosa? ¿Alguna vez te has planteado seriamente la posibilidad de una mayor entrega a Dios? «Yo te invitaría a abrir horizontes», «Creo que tienes muchas cualidades», Creo que podrás influir mucho entre las hermanos, en la vida de comunidad, si te lo propones. Influir en el sentido de hacer crecer el amor a Jesucristo, a la Iglesia, a las almas rescatadas por Él a tan caro precio. ¿Te das cuenta de cuánto te ha amado Dios? ¿Podrías ayudar a encontrar cómo solucionar esta necesidad de la Iglesia? ¿Qué te gustaría haber realizado a la hora de tu encuentro con Cristo?, etc.
    Pasos a seguir:
  • Elaborar un plan personal. Los Ejercicios Espirituales anuales presentan una oportunidad
    excepcional para definir los programas de vida que luego irán retocándose durante el año.
  • Explicar los fundamentos de la vida espiritual: La lucha ascética, la superación del pecado o estado de tibieza, el aprecio por la vida de gracia, la adquisición de las virtudes, la identificación con la Persona de Jesucristo. Explicar también las diversas etapas por las que va pasando un alma que realmente está comprometida con Cristo: purificación, compromiso, plenitud. Se enseñará a orar en diálogo con Jesucristo, a tener como socio al Espíritu Santo, a confiar en el Padre, a amar e imitar a María, a defender y trabajar por la Iglesia.

La lucha ascética:
Ascetismo, según su sentido literal, significa pulimento, refinamiento o suavizamiento. Los griegos utilizaban esa palabra para indicar el ejercicio realizado por los atletas para desarrollar las fuerzas dormidas en el cuerpo y entrenar a éste para que alcanzase su belleza natural. El fin que se perseguía con la realización de estos ejercicios gimnásticos era la obtención de la corona de laureles que se otorgaba al vencedor en los juegos públicos. La vida del cristiano, como lo asegura el mismo Cristo, es una lucha para conquistar el reino de los cielos (Mt 11,12). San Pablo, quien había sido educado a la manera griega, utiliza la figura del pentatlón griego (I Cor. 9, 24) para dar a sus lectores una lección objetiva de esta batalla espiritual y de este esfuerzo moral. Las prácticas que deben ser realizadas en este combate tienden a desarrollar y fortificar la energía moral, y su objetivo es la perfección cristiana que conduce a la persona a su fin último: la unión con Dios.
En los tratados de vida espiritual suele hablarse de lucha ascética para explicar el esfuerzo que el hombre tiene que realizar si quiere progresar en su vida espiritual. La gracia de Dios es un don gratuito, pero corresponde al hombre cooperar para que ese germen de vida sobrenatural que lleva en su alma crezca y alcance su plenitud. Con este fin luchará contra las barreras obstructoras del desarrollo de la gracia: la soberbia, la pereza, el egoísmo, la sensualidad, y otras pasiones de las cuales todos tenemos experiencia en primera persona.
Únicamente Dios puede santificar a un alma. Porque nos ama, ha querido hacernos partícipes de su vida divina, al injertarnos en Cristo y darnos su Espíritu mediante la gracia santificante y las gracias actuales; sin embargo, la gracia no suple la naturaleza ni disminuye la libertad del hombre. Por eso, siempre será necesaria la libre respuesta y cooperación humana.

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