El hombre moderno y la vida espiritual

El primer paso de la ascesis cristiana es acoger en la vida de todos los días la cruz de Jesucristo. En la persona del Crucificado, nuestra existencia, en lo que tiene de difícil o doloroso, ha encontrado un sentido y una eficacia. Pero esta actitud receptiva ante la cruz no constituye toda la ascesis. El cristiano no es invitado solamente a asumir su sufrimiento y a participar en el de Cristo, por la fe, sino también a ejercitarse en los combates que todos los días debe llevar a cabo contra las fuerzas del mal, la codicia, él mismo.

Esta ascesis activa del cristiano ha podido juzgarse a veces como una lucha mórbida contra sí mismo, contra las potencias naturales del ser humano, contra lo que Dios ha creado y que es bueno. Ahora bien, san Pablo da de la ascesis una concepción militar o deportiva que debe hacernos escapar del combate estéril de un moralismo de introversión. No es problema para el cristiano construirse una antropología dualista, en la que el espíritu y la carne, incluidos el alma y el cuerpo, estarían en lucha.

La disciplina espiritual del cristiano sólo puede ser una con su existencia. No puede tener una vida interior y una vida exterior. Tocamos aquí el drama de la vida espiritual del cristiano moderno que sufre al no poder preparar en su existencia un lugar aparte para la oración y la meditación. Al faltarle el tiempo, y al hacerse invasoras las preocupaciones, se desespera por no poder rezar mejor. En realidad, lucha contra sí mismo, busca una ley, un marco de vida interior que rompa el determinismo de su agitada vida; se agota en un combate contra su naturaleza y contra las exigencias de la vida moderna que le atosigan por todas partes.

<<Por lo demás, fortaleceos con el Señor y con su fuerza poderosa. Vestid la armadura de Dios para poder resistir las estratagemas del diablo. Pues no peleáis contra seres de carne y hueso, sino contra las autoridades, contra las potestades, contra los soberanos de estas tinieblas, contra espíritus malignos del aire. Por tanto, requerid las armas de Dios para poder resistir el día funesto y manteneros venciendo a todos (Ef 6.10-13)>>.

La ascesis, o la disciplina espiritual cristiana es una búsqueda de fuerza, la del Señor, para un combate. Tiene por objeto no vencer a la naturaleza, la carne y la sangre, no suprimir las potencias naturales de amar y combatir, sino al contrario, emplearlas con inteligencia contra las potencias del mal, y así, evitando las asechanzas del que divide y apoyándose en la fuerza de Dios, resistir en los días malos y mantenerse firme.

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